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lunes, 31 de octubre de 2011

A vista de pájaro

Se me ha olvidado desgarrarme el ombligo antes de subir a la azotea de las miserias.
Se me ha olvidado tragarme una bocanada de viento para después gritar la rabia a pulmón lleno.
Se me ha olvidado desatarme los cordones del vértigo y escupir desde el alféizar del odio.
He venido aquí para decir adiós con la mano a la inocencia, para verla batir sus negras alas y perderse lejos.
Pero se me ha olvidado cómo.
Mis labios no paran de repetirme que ya se cansaron de abrevar en las alcantarillas, y el hambre me sabe a desgana. Lo único que quiero es lavarme las culpas y, si puedo, borrarme la inocencia impresa en la cara.
Quiero resbalarme, y aterrizar y que no me duela.
Cuando pienso en caer, se me hace la boca agua.

viernes, 17 de diciembre de 2010

No title (1)

A veces pienso en colores oscuros e inciertos.
Manchas difusas que, cuando se agiten, se transformarán en un remolino que arrasará todo el espacio, y a mí con él.
También pienso en dolores de cabeza más angustiosos que el mío, y en realidades más sangrantes.
Sin embargo me permito seguir quejándome, por más que sepa que es una pérdida de tiempo.
Pero tener lástima de uno mismo es demasiado egoísta como para que lo considere una opción.
Se vive mal entre barrotes, y qué le vamos a hacer.
Al menos por mi ventana no se ve sólo hormigón.

sábado, 27 de noviembre de 2010

La rosa de los vientos, creo

hola, cielo
te escribo desde el país de las incertidumbres, donde cada día es preludio de lo inesperado. me pides que te cuente cómo va todo últimamente. pues bien: va, va y sigue yendo hacia adelante, siempre adelante, con una febril inercia que me impulsa hacia el mañana, un viento por la espalda que me va empujando sin que sepa nunca cómo ni por qué me he metido por ese camino. una fuerza brutal me arrastra hacia el centro de la tierra, y me voy dejando llevar. una caída, o tal vez un resalto, son cosas que no puedo diferenciar. debe ser eso que llaman magnetismo, o debe ser que tengo el alma imantada, y la tuya es un trozo de frío metal: me atrae sin contemplaciones. magnetismo o abismo. el alma tan imantada que a veces me pesa como si fuese de plomo.
sabes? no estoy desorientada. lo que pasa es que se me han roto todas las brújulas, hasta las que apuntaban a ti, y ahora sus agujas dan vueltas como desquiciadas, describiendo círculos a tu alrededor. me estoy perdiendo. todo el mundo me lo dice desde hace semanas: que me frene, que me frene...pero si me paro no sé si voy a saber encontrarme. no sé a dónde voy, pero no puedo detenerme.
debe ser que estoy perdiendo el norte, o eso me hacen creer. pero no. por primera vez tengo muy claro dónde está el norte. el norte es donde estás tú, muy al norte, tan dolorosamente al norte y tan lejos que no puedo evitar divagar. sé que el aire allí es una helada corriente que te envuelve.
vuelve. tengo ganas de oírte decir que no pasa nada y que todo son rachas, que ya pasarán. las mentiras suenan dulces cuando eres tú quien las pronuncia. tengo ganas de escuchar tu acento, sin es que aún lo conservas, y de que interpretes el brillo de mis ojos, si es que aún me queda algo. que descifres si las lágrimas son de rabia o de trsiteza, o que me adivines ilusión en la mirada. tengo un hambre de abrazos que no se sacia con nada, un vacío que tu ausencia va agrandando.
me he quedado sin ejes sobre los que apoyarme, sin puntos de referencia. mis coordenadas son tan confusas que he decidido apagar la razón, y navego y naufrago y me hundo y salto y ya no sé cómo llegar al centro. me dicen que me relaje y que no hay de qué preocuparse. también me dicen que ya no me pueden dejar sola.
sola.
qué ironía.
lo que más me duele es que los kilómetros tengan mil metros, y lo que quede esperando al final del camino no sea más que una sombra de aquello que recordabas con cariño.
no sabes cuánto lo siento, cielo, pero eso es lo que debo ser ahora.
ahora mismo no puedo ponerte mi dirección para que me envíes una respuesta. ni siquiera sé dónde estoy viviendo todos estos días.
tampoco tengo miedo, y eso es lo más preocupante.

p.d.: no fue un día de mayúsculas, al parecer...

martes, 31 de agosto de 2010

Una noche así...

Son noches sin estrellas, con el cielo anaranjado por las luces de la ciudad, o por una sutil amenaza de tormenta. Al menos la luna brilla alta en el cielo, o tal vez no, pero su resplandor nos alienta. Son noches de danzas enloquecidas, y también de caídas, de espaldas contra el asfalto y risas fugitivas, de sangre resbalando por la rodilla, debajo de puentes imposibles. Noches de espuma de cerveza y de palabras deslenguadas, de deseos inconfesables que asoman a la superficie, de grietas en la coraza. De quemaduras de cigarro de las que dejan cicatriz. Noches de terraza, de brindis, de humo y de yerba, de flashes, de sombra, de cubitos de hielo y sonrisas caldeadas, de guiños, de fetiches y de corrientes subterráneas. Noches aisladas, como burbujas sin minutos, de mirar hacia abajo, hacia las avenidas por las que sí fluye el tiempo, en lugar de quedarse remansado en un instante de magia y fuego.
Noches de litronas en el maletero y acordes en la distancia, de saltos, fiebre y euforia, de canciones a gritos, y de globos fantasmales. Noches de llovizna en las pestañas, y de manos tibias y abrazos cálidos, de ingravidez, de fuerza y de ligereza. Noches de piscinas oscuras y azoteas con luz, de hogazas de pan y botellas de agua, de descubrimientos. Noches de miradas de casi desconocidos, de sábanas compartidas, de farolas colándose por entre las mosquiteras, de contraventanas abiertas y persianas de bambú. Noches de paredes moradas, de sonidos que saben a viejo pero impulsan resortes.
Noches de maletas a medio hacer a los pies de la cama, noches sin sueño, de caricias certeras como nunca, de susurros y de manos. Noches desgarradas al alba por el martillo y el yunque, perdiendo los estribos. Noches de reflejos en el agua, de pináculos y nubes tétricas, de mares de mentira. Noches de cuatro quesos, de vino andaluz y de arroz indio, de gotas de agua cayendo en vasos llenos. Noches que sólo duran unas horas, porque sólo será mañana cuando me haya despertado.
Noches de colchones en el suelo y de bordillos de acera, de sudor en las paredes, de jaleo, de jarana y de discos que se paran. Noches de fichas de póker, de balas perdidas y frases de camino a los labios, de momentos que se fijan. Noches de oscuridad cómplice. Como dijo Bukowski: una noche así deja a la vida entera a la altura del barro.

P.D: Aquí debería dejar un teléfono de aludidos, por las dudas.

viernes, 27 de agosto de 2010

De imposibles

Ah, escapar de mí misma y pensar
más allá del velo sobre los ojos;
contemplar mi vida como si fuera ajena
mirar al mundo a través del cristal.

Ah, distinguir al fin lo bueno de lo viejo
y discernir cuánto de humilde hay en lo sublime.
Y puestos a emprender tareas sin límite
comprender el delirio en que se vive.

jueves, 15 de abril de 2010

De las despedidas y otras miserias

Has sido capaz de reprimirte, y hasta de estar serena mientras recogías la mitad de tu vida y la encerrabas en una maleta. No te has permitido pararte a pensar y reeencontrarte con recuerdos que pudieran atravesar las paredes de tu burbuja inflexible.

Mientras cerrabas tu equipaje con candado, te ha parecido que te estabas blindando, aprisionando tu memoria en un cofre de siete cerrojos. Pero ni siquiera entonces se te ha escapado una mísera lágrima furtiva.

A ti no te cansa correr, ni volar, ni huir. A ti lo que te cansa es vivir; lo encuentras todo demasiado complicado. Tienes razón: todo es demasiado duro y sucio, demasiado feo y gris para una rosa de cristal, de ésas que sólo se deshojan en madrugadas de ventisca, en una náusea de sinceridad cómplice, vomitando lamentos a borbotones.
 
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